Una Lágrima Adulta

 En medio de la visión de lo invisible, en el terreno baldío de un sueño aún por soñarse, estaban las inconcretas ideas en el alma infantil del hombre que ahora caminaba por el mar. El vaivén de las olas y el grito del océano al impactar la realidad en la costa de la vida servía de recordatorio que al final, la oscuridad aún amenazaba. Que la luz del razonamiento disfrazada de la luz de una vela sería suficiente para enderezar las curvas del dolor, y de planchar las arrugas del pasado.

No existía el tiempo en este lugar. La vida traslucía entre la creatividad y un desafiante encuentro hostil entre la euforia y la desmovilización del alma. El olor del salitre consolidaba toda esta realidad. La tenue luz solar que se amortiguaba en el horizonte acariciaba tiernamente al padre Tiempo, y a su madre Consecuencia. Una sonrisa de medio labio y un suspiro sin terminar. Al final, un desagradable sentimiento adulto.

Cada grano de arena que se deslizaba sobre la mano al meditar era peculiar. Cada sentido acentuándose en la piel por el agua salada, deslumbraba todas las posibilidades. Allí donde el amor mismo se apoderaba de la trayectoria de la marea, de su magnitud sentimental en el cosmos, y de las estrellas que fielmente bailaban ante su propio ritmo emocional.

Esta costa era larga. Era un dilatado camino por recorrer. De la misma manera, la vida acuática seguía el deslumbrante interés de saber el desenlace. Queriendo saber dónde tan preciada alma infantil—incrustada en un mundo adulto—terminaría. Cada escama que roza el movimiento de las profundidades en el cuerpo del sueño fue muy latente. Y así cuenta la leyenda que este iluso ser humano, este niño perdido dentro del cuerpo de un hombre camino sin fin…sin destino…sin un tiempo definido.

Muchos dicen ser testigos de su presencia en las costas por las tardes. Sus huellas marcadas en la arena, y el océano que continúa gritando en la costa su trayecto. Grita sus logros y sus reveses. Las estrellas persisten en bailar ante su compañía mientras el universo continúa creando más cuerpos celestiales, y nuevos horizontes para su meditar. Pero recuerda, en ocasiones no se trata solo del tiempo, sino de la forma en que también decides caminar. Y si tienes la oportunidad de encontrarte con él algún día, así lo verás. Aún pensativo y abstraído. Con su sonrisa de medio labio, el usual suspiro sin terminar, y un proceder sentimental infantil. Y como ya es de costumbre, compartiendo su fiel y eterna lágrima adulta.


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